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Cibernética y Teoría General de sistemas

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Cibernética y Teoría General de sistemas

El concepto de cibernética fue desarrollado por Norbert Wiener a fines de los años cuarenta del siglo pasado. En ésta se describe como “un mecanismo de control básico, la retroalimentación, que permite controlar una acción con el propósito de que ésta sea eficaz”[1]. Wiener al introducir su teoría incide profundamente en Bateson por las “implicaciones epistemológicas de la retroalimentación y de los procesos recursivos para el análisis de la comunicación”[2].

La cibernética ha sido “considerado como una Teoría Especial de Sistemas, puesto que es posible incluirla en el marco más amplio comprendido por la Teoría General de Sistema (TGS)”[3], siendo postulado por Ludwig  von Bertalanffy. Siguiendo esta idea, Bateson se refiere al Enfoque Interaccional afirmando que la “interacción humana puede ser escrita como un sistema caracterizado por las propiedades de los sistemas generales y  que la TGS nos permite comprender la naturaleza de estos sistemas interaccionales”[4].

Se puede definir sistema como “un conjuntos de objetos así como de relaciones entre los objetos y entre sus atributos”[5]. “En el caso de los sistemas interaccionales, los objetos son personas y sus atributos son sus comportamientos comunicacionales. Las relaciones entre ellos mantienen unido al sistema”[6]. Por cuanto desde esta lógica “un sistema interaccional será definido como dos o más comunicantes en el proceso de definir la naturaleza de su relación”[7]. Implícito en ésta materia se destaca la “variable tiempo que les confiere a los sistemas un carácter de proceso en el cual podemos distinguir ciertos estados del sistema y cualquier cambio en dicho estado”[8].

Unos de los aspectos a considerar en la definición de sistema es la definición de su medio, y cuya definición corresponde  “al conjunto de todos los objetos cuyos atributos al cambiar afectan al sistema y también a aquellos objetos cuyos atributos son modificados por el comportamiento del sistema”[9]. Un sistema puede ser subdividido  y formar parte de  otros subsistema, en este caso se puede hablar de “sistema abiertos y se hallan  ordenados en jerarquía”[10]. Complementariamente el autor sostiene que “un sistema interaccional diádico, por ejemplo, puede ser ubicado dentro de un sistema mayor (familia) y éste, a su vez, dentro de uno mayor aún (comunidad) y así sucesivamente. A la vez estas personas que se comunican pueden superponerse con otras personas que se comunican, originándose así relaciones verticales y horizontales ente subsistemas interaccionales”[11]. Es esencial considerar la totalidad de los sistemas, esto se explica en que

“un sistema se comporta como un todo inseparable y coherente. Sus diferentes partes están interrelacionadas de tal forma que un cambio de una de ellas provoca un cambio en todas las demás y en el sistema total. De aquí que un sistema no es la simple suma de sus partes, sino que la interrelación de dos o más partes resulta en una cualidad emergente (gestalt) que no se explica por las partes consideradas separadamente”[12].

Es por lo anterior que

en este sentido la comunicación y el comportamiento humano hay que considerarlos en un contexto sistémico y no aislarlos artificialmente y tratarlos como atributos individuales

Así, la incidencia o persuasión se manifiesta en que “todo comportamiento posee un valor comunicativo, influye  sobre los demás y es influido por éstos”[14], por medio de una causalidad circular. La causalidad circular es posible gracias al mecanismo de control por excelencia de los sistemas: “la retroalimentación”[15]. La retroactividad, y por ende, la “circularidad constituyen el modelo causal adecuado para el análisis de los sistemas interaccionales, puesto que, sus miembros se influyen mutuamente y no unilateralmente”[16].

Por retroalimentación se entiende  al  “flujo circular de información que vuelve a introducirse al sistema  para informarle  acerca de los efectos de sus acciones anteriores con el objeto de que pueda controlar y corregir sus acciones futuras, y lograr el objetivo establecido”[17]. Esto se entiende a través de un enlace en que el

“hecho ‘a’ afecte al hecho ‘b’ y ‘b’ afecte luego a ‘c’, y ‘c’ a ‘d’, y así sucesivamente, tendría las propiedades  de un sistema determinista lineal, unidireccional y progresivo del tipo causa- efecto. Su circularidad se entiende  ‘si ‘d’ lleva nuevamente a ‘a’, el sistema es circular y funciona en forma autocorrectiva”[18].

La retroalimentación tiene dos polos uno positivo y otro negativo. En el caso del polo negativo “aquel parte de la salida de un sistema que vuelve a introducirse en el sistema como información de dicha salida, se utiliza para corregir y disminuir la desviación de la salida con respecto a una norma establecida”[19], produciéndose “la homeostasis de un sistema, esto es, para el logro y mantenimiento de la estabilidad. En la retroalimentación positiva, la misma información actúa como medida para aumentar la desviación de la salida llevando al cambio o pérdida de la estabilidad”[20].

Ante una “secuencia interaccional la respuesta de un comunicador actúa como estímulo para la respuesta del otro. El comportamiento de uno causa el comportamiento del otro y éste, a su vez, causa el del primero y así sucesivamente”[21]. Como en la interacción es circular en “ésta no hay comienzo ni fin, así como no lo hay en un círculo[22].

En la comunicación es inherente tratar el concepto de homeostasis, la cual se refiere “a la estabilidad, equilibrio o estado constante de un sistema frente al cambio extremo”[23]. Como ya dijimos, este equilibrio se mantiene mediante la retroalimentación negativa.

Bateson, explica el comportamiento a través de un ejemplo, “con el desarrollo  de una partida de ajedrez[24]. En cualquier momento, el estado del juego puede entenderse exclusivamente a partir de la configuración actual de las piezas sobre el tablero, sin necesidad de apelar a un registro de los movimientos anteriores”[25] Lo anterior le permitió reconocer que “el psicoanálisis estaba ‘pies para arriba’ al considerar que el inconciente puede y debe ser hecho conciente mediante el ‘insight’. Según él, el inconciente se manifiesta continuamente en el intercambio de mensajes y no es necesario ir más allá del comportamiento para comprender las interacciones”[26]. De esta manera sugiere que un “comportamiento sea consciente o inconsciente es sólo una atribución de significado que realiza un comunicador frente al comportamiento del otro; es su propia evaluación acerca de lo que sucede en la mente del otro”[27]. Esto se hace posible al estudiar el comportamiento a partir de las descripciones  de las interacciones, comunicación,  observaciones del sistema, relación entre investigador y entrevistados, etc.     Se debe considerar que la “búsqueda de causas en el pasado mediante interpretaciones constituye un acto de fe fácilmente distorsionado y refutable”[28], pues se debe identificar cuáles son los problemas que afectan a un sistema interaccional. El “Enfoque Interaccional enfatiza la búsqueda de `patrones de interacción en el aquí y el ahora, y descarta la búsqueda de causas o motivaciones pasadas de significados simbólicos”[29]. Por último, es importante señalar que es modelo hace énfasis en la “descripción de los efectos pragmáticos de la comunicación y el comportamiento en la interacción de los miembros de un sistema, en lugar de las causas hipotéticas”[30], centrando su objeto de estudio en el “para qué de ese comportamiento  dentro del sistema  interaccional mayor formado por la pareja, familia, etc.”[31]. Ya finalizando, es necesario explicar que “el comportamiento sintomático (y todo comportamiento) es considerado en el contexto  del sistema mayor en que se inscriben y, en este sentido, constituye un comportamiento adecuado a una situación interaccional determinada”[32].

Los estudios clásicos de la comunicación y del comportamiento humano resultan ser incongruentes con el Enfoque Interaccional de la comunicación, puesto que si “analizamos las premisas epistemológicas de esta teoría descubriremos que se fundamentan en un universo explicado por la conservación y transformación de las energía”[33]. La diferencia entre el  “mundo newtoniano y el mundo de la comunicación”[34], según lo planteado por Bateson  reside en que  el primero “adscribe realidad a los objetos excluyendo el contexto y las relaciones”[35]  y el segundo “examina las relaciones prescindiendo de los objetos”[36].

Bateson hace referencia también al mundo de la percepción, señalando que en este mundo “el pensamiento o la experiencia no caben en los objetos, sino sólo las ideas, los mensajes, las relaciones entre dichos objetos”[37].  Y con respecto a la  “realidad o validez de los mensajes estos dependen de la confianza que se tengan de ellos”[38]. En cuanto a la comunicación “toda afirmación acerca a la realidad es válida, puesto que independientemente de que empíricamente sea real siempre conlleva un valor de mensaje”[39]. Por lo tanto, este “proceso es una actividad simbólica que se fundamenta en acuerdos sociales”[40] y la realidad es el fruto de la comunicación. Así,  “la comunicación no es un objeto natural, sino una función simbólica”[41]. El enfoque interaccional de la comunicación “propone investigar  no el comportamiento del hombre artificialmente aislado, sino los necesarios efectos de su comportamiento sobre los demás, las reacciones de éstos últimos frente a aquel comportamiento y el contexto en que todo ello tiene lugar”[42]. Como objeto de estudio, éste enfoque se centra en la relación entre los participantes de una determinada comunicación.

Desde este punto de vista pragmático, la comunicación y el comportamiento, son utilizados como sinónimos, puesto que “todo comportamiento (habla, gestos, señas, movimientos, etc.) es comunicación y toda comunicación, incluso los indicios comunicacionales desde contextos interpersonales, afectan al comportamiento”[43]. Por lo mismo, este enfoque sistémico no centra sus estudios sólo en los efectos comunicacionales sobre el oyente, sino que también del “inseparable  efecto que la reacción del receptor tiene sobre el emisor”[44], relación que se da a través de la comunicación.

 

Extracto del texto Original: Retórica y Comunicación Estratégica

Autor: Christian Schaefer

[1] Alejandro López y cols. Introducción a la Psicología de la comunicación, Ediciones Universidad Católica de Chile, 3º Edición 1995, PP:144
[2] Op. Cit. 144
[3] Op. Cit. 144
[4] Op. Cit. 144
[5] Op. Cit. 144
[6] Op. Cit. 144
[7] Op. Cit. 144
[8] Op. Cit.144
[9] Alejandro López y cols. Introducción a la Psicología de la comunicación, Ediciones Universidad Católica de Chile, 3º Edición 1995, PP:144
[10] Op. Cit. 144
[11] Op. Cit. 145
[12] Op. Cit. 145
[13] Op. Cit. 145
[14] Op. Cit. 145
[15] Alejandro López y cols. Introducción a la Psicología de la comunicación, Ediciones Universidad Católica de Chile, 3º Edición 1995, PP: 146.
[16] Ídem
[17] Ídem
[18] Ídem
[19] Ídem
[20] Ídem
[21] Alejandro López y cols. Introducción a la Psicología de la comunicación, Ediciones Universidad Católica de Chile, 3º Edición 1995, PP: 146
[22] Ídem
[23] Op. Cit. 147
[24] Esta mirada batesoniana nos permite fundamentar la metodología empleada en la investigación sin necesidad de comprender todo el proceso de comunicación como tampoco hacer excavaciones mentales más profundas.
[25] Alejandro López y cols. Introducción a la Psicología de la comunicación, Ediciones Universidad Católica de Chile, 3º Edición 1995, PP:148
[26] Op. Cit. 148
[27] Ídem
[28] Op. Cit 149
[29] Alejandro López y cols. Introducción a la Psicología de la comunicación, Ediciones Universidad Católica de Chile, 3º Edición 1995, PP: 149
[30] Op. Cit. 149
[31] Ídem
[32] Op. Cit. 151
[33] Op. Cit. 140
[34] Op. Cit. 141
[35] Ídem
[36] Ídem
[37] Ídem
[38] Alejandro López y cols. Introducción a la Psicología de la comunicación, Ediciones Universidad Católica de Chile, 3º Edición 1995, PP:141
[39] Ídem
[40] Esto nos recuerda los postulados retóricos de consenso y arbitrariedad del signo.
[41] Alejandro López y cols. Introducción a la Psicología de la comunicación, Ediciones Universidad Católica de Chile, 3º Edición 1995, PP:141
[42] Op. Cit. 142
[43] Ídem
[44] Ídem
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